Una noche cálida de verano iba Joaquín caminando por la calle de Sullivan; calle en la cual las prostitutas esperan la llegada de clientes de todo tipo. Al pasar frente a una de las más bellas ella decidió hablarle tocando con una de sus manos el miembro de Joaquín:
-Hola, ¿Buscas pasión por una noche?
Joaquín se asustó al principo porque no pensó que esa bella mujer realizaría semejante acción; pero al cabo de unos segundos le respondió:
-No, pero si eso es lo que tu necesitas me parece bien. Sólo quiero pedirte un par de favores.
-Por supuesto guapo. Lo que tu quieras.
Joaquín la tomó del brazo y empezaron a caminar. Ella; un poco asustada, pero con un tono muy sexual dijo:
-¿Quieres tratarme mal?
-No haré nada que te haga daño. Dime, ¿Cómo te llamas?
-Puedes decirme como quieras.
-No, quiero saber tu nombre.
-Adalia.
Llegó un momento de silencio, solamente se escuchaba el ruido que hacían las plataformas de Adalia al caminar y a lo lejos el bullicio de las calles. Se dirigían hacia el hotel llamado “Paraíso”; al llegar ahí Joaquín pidió una habitación sencilla. Subieron al cuarto por el elevador y Adalia aprovechó para besar a Joaquín pero al darse cuenta de que él permanecía inmóvil se hizo a un lado, miró al suelo y esperó.
Llegaron al piso, caminaron al cuarto. Al entrar Joaquín espero a que Adalia pasara para cerrar la puerta y se dirigió a la cama; se sentó en ella. Adalia dejó su bolso sobre el tocador, se quitó el saco; dejando ver sus grandes y redondos senos dentro de un brassiere rosa con encajes azules y desabrochó su minifalda, después se acercó de espadas a Joaquín y movió sus caderas para incitarlo a que le quitara la falda. Joaquín bajó con delicadeza el cierre y jaló la fada junto con las medias de red y la tanga hasta abajo, al termniar giró a Adalia y le dió un beso en el vientre. Le pidió que se acabara de desvestir mientras se dirigía al baño. Adalia se quitó el brassiere, sus altas plataformas y sacó las medias junto con la prenda interior, se recostó en la cama boca abajo con los tobillos cruzados y esperó.
Joaquín salió prácticamente en seguida del baño con la camisa a medio abotonar, el saco y corbata en una mano, los dejó en la silla y se acostó junto a Adalia; comenzó a acariciarla y ella se volteó rápidamente y comenzó a besarlo, tocarlo e intentó desvestirlo pero él; de una forma un tanto agresiva, la tomó de las manos, la giró para ver su espalda y le dijo:
-No quiero que te prostituyas con tu cuerpo, quiero tus palabras, tus historias, llegar a conocerte, quererte.
-Pero eso no es posible porque yo no quiero a nadie.
-No lo creo.
Joaquín soltó a Adalia y se sentó en el borde de la cama, ella un poco nerviosa se levantó y se acercó a sus cosas. Joaquín le dijo:
-No te vistas, así te ves bella.
-De acuerdo, ¿Pero piensas pagarme no?
-Por supuesto, sólo necesito escuchar tus palabras.
Adalia dudó por un momento pero decidió ayudar a Joaquín pensando que el se masturbaría mientras ella le hablaba; regresó a la cama y se recostó. Empezó platicándole acerca de sus deseos, fantasías, pasiones y las posiciones del kamasutra que conocía a la perfección; pero Joaquín le dijo:
-Todo lo que cuentas es algo hipnotizante pero te repito que lo que deseo saber son tus historias y todo lo que involucran, conocerte a ti y quererte.
Adalia entendió lo que aquel extraño hombre deseaba y poco a poco le fue platicando de su vida empezando con ese día hasta llegar a su niñez, le contó de sus amores y desamores y el porqué de su trabajo. Joaquín escuchó atentamente cada palabra e hizo algunas anotaciones. Al cabao de unas cuatro o cinco horas Adalia terminó de hablar y pasó al baño, Joaquín se había preparado para irse de ese lugar.
Al entrar al baño Adalia no podía creer lo bien que se sentía haberle contado a alguien todas esas cosas y pensaba que si así de bien se había sentido platicar, habría estado mucho mejor haber tenido sexo. Se encontraba exitada después de esos pensamientos e influyó haberse quedado desnuda por tantas horas en un cuarto obscuro y con un hombre observándola, además de que por primera vez sentía la necesidad de tener sexo con un hombre. Mientras tanto Joaquín abotonó su camisa, se puso su corbata y saco. Adalia salió del baño y se acercó de manera muy sensual a Joaquín, le dió un ligero beso entreabriendo los labios. Joaquín siguió el beso por un momento y después le dijo:
-¿Lo que tu quieres es tener sexo?
-Sí.
-Me parece justo.
-Maravilloso.
Maravilloso; fue lo que dijo Adalia con una voz sensual y jaló a Joaquín de la corbata hasta llevarlo a la cama. Ella se acostó y jaló a Joaquín consigo, sintió su peso sobre ella y eso la exitó más; lo besaba y empezó a desvestirlo quitándole la corbata y después la camisa, pudo darse cuenta del torneado cuerpo de Joaquín, más no de su miembro. Siguió besándolo y tocándolo, recorriendo sus piernas sus nalgas, su espalda, sus brazos; después Joaquín giró sus cuerpos de tal forma que ella quedara sobre el y continuaron besándose y tocándose hasta que por fin Adalia pudo sentir su gran y endurecido miembro; lo desvistió completamente y después rozaron el sexo del otro, empezaron a hacerlo más fuerte hasta masturbarse mutuamente pero eso no fue suficiente para lograr un orgasmo así que optaron por tener sexo, pero de una forma especial. Ese acto fue algo tan maravilloso para los dos que lograron verse como las ilustraciones estilo hindú de los libros de kamasutra y sexo tántrico.
28/05/2009 a las 01:25
muy bien aki esta super!!!!!!!!!!!
de verdad eres toda una gran escritora!!!!
28/05/2009 a las 02:32
ohhh nta q me kede wow q bien scrives pfff sin comentarios aparte la histpria sta muy buena nta q t kedo incre ehhhhh!!!!!
28/05/2009 a las 02:41
Me encanto tu forma de escribir, la historia también es excelente, me sorprendes
31/05/2009 a las 00:22
jajajajaja eres una cochiiina!!!! =)