Aves en mi cabeza

Intentaban volar; esos pequeños gorriones, más no podían encontrar su libertad porque estaban amarrados a mis cabellos. Mientrás más intentaban volar más se cansaban y menos lograban llegar a tan añorada libertad.

Pasaron los días y se fueron cansando, empezaron a tener hambre. La única solución a sus problemas era picotear mi cabeza para conseguir un poco de carne. Comieron y poco a poco las aves fueron aumentando su tamaño y su hambre fue creciendo; ahora eran cuervos.

El hoyo  que habían comenzado a hacer en mi cuero cabelludo era enorme ahora y pronto devoraron todo lo que pudieron, llegaron al hueso y al ver que no era tan facil de comer intentaron volar de nueva cuenta pero no pudieron, intentaron varias veces; por turnos, al mismo tiempo, pero nada parecía funcionarles. Mudaron su plumaje, su pico y hasta sus ojos; eran águilas ahora, también su apetito mudó y decidieron romper mi cráneo para ver si encontraban carne algo qué comer.

Pronto llegaron a mi cerebro, lo devoraron cual león hambriento y de nueva cuenta crecieron; ahora eran zopilotes. Zopilotes grandes y negros eran los que rondaban sobre mi, eran libres ahora; libres después de haber devorado todo lo pudieron; anhelos, esperanzas, furstaciones, miedos, fobias, ideales, ilusiones, pensamientos, ideas, todo…

Y yo, yo también fui libre, libre para tener un nuevo comienzo.

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