Durante estas vacaciones de verano; probablemente las últimas más largas de mi vida, tuve la maravillosa experiencia de tener a mi sobrina en casa. Mi sobrina es una pequeñita de 2 años de edad, muy carismática y lindísma.
La primera vez que vino a casa estaba muy cautelosa y no quería despegarse de mi prima; quien la cuida, nos veía y quería interactuar con nosotros pero al mismo tiempo medía cómo comportarse y nuestras reacciones, el primer día hubo visitas pues el hermano de mi prima vino a casa; dimos vueltas con la pequeña, hicimos burbujas, bailamos y hubo muchas risas, más adelante cayó la noche y llegó la hora del baño, la metimos en la tina y la bañamos(fue muy divertido) y finalmente la hora de ir a dormir, ella se veía un poco intranquila con el asunto pero la llevamos al corral y mi prima y yo dormimos juntas, esa noche se despertó 3 veces sin razón aparente y terminamos llevándola con nosotras. En la mañana estaba contenta e investigaba.
La segunda vez que vino fue más o menos lo mismo, no vino el hermano de mi prima y no pudimos salir al jardín porque llovía. Ese día comimos rico, jugamos, usamos plastilina suave, y en la noche cocinamos hot cakes; ella estaba muy feliz porque me ayudó a cocinar, cuando llegó la noche nos bañamos, pero nos dimos cuenta de que ella parecía nunca bañarse con su mamá o cualquier otra mujer porque su expresión era de sorpresa y nos enseñaba las partes del cuerpo que ella aun no desarrolla, y en la noche hubo llantos de nuevo, fuertes, claros y de angustia, parecía que se caía el mundo, su mundo, comenzó a hacer ruidos raros y de repenté el vómito llegó!!! ¡¡¡AUXILIO!!! ¡Qué pasa!, no comimó nada que le hubiera hecho daño, no pasaba nada; sólo angustia, una angustia como si el “COCO” la persiguiera, como si -BARNEY- se hubiera vuelto negro con rojo…. Hmmm, quien sabe que cuentos macabros enfrenta la pequeña cunando la llevan a dormir, finalmente la bañamos, cambiamos y llevamos a cenar algo para que no se quedara con su estomaguito vacío, tomaba leche y comía galleta, llegó un punto en el que parecía un típico borrachito diciendo “LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS”, fue muy simpático, hasta que nos dijo que quería ir a dormir, pero lo dijo con angustia, quería llorar pero mi mamá le dijo que no daríamos un paso más hasta que dejara de llorar y ella se comportó extraordinarimante. Durmió bien, ¡Santo remedio!
La tercera fue bastante diferente porque mi novio me prestó a su perrita y fue prácticamente la distracción permanente, aunque también jugamos con las burbujas, esa vez sacamos a pasear a Camila (la perra)